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lunes, 4 de enero de 2010

“MANOLETE. CALIFA III DE CÓRDOBA Y MAESTRO DE TOREROS”







 
Su biografia se remonta con sus abuelos, D. Antonio Sánchez (ferroviario de Aranjuez) y Dª Teresa Martínez, con la que contrajo matrimonio a finales del siglo XIX. De esta unión nació Dª Angustias Sánchez Martínez(madre de Manolete), en la calle Padre Romano de la ciudad de Albacete. Allí, vivió durante sus cinco años de edad, entre 1.886 ó 1.887.

Los abuelos del famoso torero se trasladaron a Córdoba, porque la compañía ferroviaria así lo dispuso. Poco tiempo después, su abuelo falleció.
El tiempo transcurrió, y Dª Angustias Sánchez que estuvo casada previamente con Lagartijo Chico, se desposó con un torero viudo, D. Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”, padre del famoso torero.

El legendario torero, descendiente de toreros (abuelo, tio abuelo, tio paterno y su propio padre), y referencia de muchos toreros pasados y presentes, por su maestría en los ruedos, nació el 4 de Julio de 1.917, en la calle cordobesa Conde de Torres Cabrera nº 2 A.

Antes de proseguir con su vida, haré un pequeño inciso para aclarar el sobrenombre de III Califa de Córdoba.

Dentro de la Tauromaquia, el I Califa era “Lagartijo”. El II Califa “Guerrita” y el III Califa “Manolete”, siendo el más famoso, por las innovadoras técnicas, dominio y maestría en el ruedo que aportó a dicha escuela.

Los entendidos en el tema, dicen que: “si los toreros esperaban la salida de su toro, es decir, dominaba el adaptarse el torero al toro, la maestría de Manolete iba más allá de los cánones, ya que el toro se adaptaba al maestro, creando su propia faena, sin importar las condiciones del animal. En definitiva, otro de los sobrenombres dados a Manolete fue, el “Monstruo de los ruedos”.

Viajando nuevamente a su infancia, el 8 de Diciembre de 1.925, hizo su primera comunión en la parroquia Maria Auxiliadora del Colegio de San Francisco de Sales.

Cursó sus estudios primarios en el Colegio de los Salesianos de Córdoba. Y desde su niñez, mientras que los niños de su edad jugaban a las canicas, trompo, fútbol…entre sus juegos se hallaba principalmente su afición hacia los toros, bajo la atenta mirada de su madre, en el patio de su casa en la plaza de la Lagunilla. A los doce años, decidió dar un giro a la miseria que rodeaba a su familia e, hizo lo que más le apasionaba, aventurarse en el difícil mundo de los toros.  

Tras su paso por la escuela taurina de Montilla, recorrió España, como miembro de un espectáculo itinerante llamado “Los Califas”. El comienzo de su carrera taurina, allá por el año 1.935, y gracias a la alternativa de Rafael Jiménez “el Chicuelo” (inventor de la chicuelita) en Sevilla. En la arena del ruedo, le esperaba el toro “Comunista”, propiedad de Clemente Tassara, y cuya faena, le proporcionó las dos orejas del animal. La actuación le sirvió como plataforma hacia la fama. Posteriormente, en ese mismo año, tuvo su oportunidad en Madrid, de la mano de Marcial Lalanda. Su última actuación en Madrid tiene lugar el 16 de julio de 1947 en la tradicional “Corrida de la Beneficiencia”, presidida por Francisco Franco.  

Desde 1.940 hasta su muerte llegó a lidiar 71 corridas por temporada, toreando en todas las plazas de España y América. Con el tiempo, pudo adquirir un hermoso palacete en la avenida de Cervantes de la capital cordobesa. 

Los comentarios del momento fueron: “Manolete es un diamante en bruto pero, este diamante se pulirá a fuego lento”, gracias a sus cualidades únicas y personalísimas. Sin embargo, quien lo conocían desde muy cerca, decían de él, que era un chico tímido, amante del cine, goloso (le encantaba las arropías), además de su apetencia al alcohol, e incluso en su etapa con Lupe, consumidor de cocaína (dato especulativo). Pero, a pesar de sus apetencias, lo que si estaba muy claro es que el arte de este arquitecto moderno del toreo, se basaba no sólo en su técnica, sino en los vocablos de tauromaquia como, aguante, ligazón, girar sobre los talones, verticalidad, solemnidad y majestad. Las medias verónicas llevan su sello genuino, estando en todos los quites.

Su estilo, elegante y vertical, transformó el arte de la muleta, toreando de frente y citando de perfil. Solía comenzar las faenas de muleta con sus estatuarios: quieta la planta, erguida la planta y atornillados los pies en la arena. Mientras que el toro engañado por el maestro, seguía en un ida y vuelta sin enmendarse, con el único movimiento suave de su muñeca. Además, formaban parte de su técnica, los famosos trincherazos.  

Llevó a la máxima expresión la revolución de José Gómez "Joselito" y la estética de Juan Belmonte, que habían transformado el toreo unas décadas antes.  

En una de sus corridas, Manolete quedó convaleciente, en una cama del hotel Victoria de Madrid, de una cornada por asta de toro, en la mejilla derecha durante su faena, en la plaza de Murcia, el día 8 de Septiembre de 1.941. Como Quijote romántico, las habladurías dicen que, tuvo numerosas novias, pero… su único gran amor fue la actriz Lupe Sino.  

Entre los numerosos rumores de la época que corrían sobre la relación de esta mujer con el torero es, sobre su procedencia. Decían que era mexicana, pero fue un bulo más de las habladurías de la masa, ya que pertenecía a un pueblo de Guadalajara, cercano a Madrid llamado Sayatón. Como actriz que fue, su nombre verdadero era Antoñita Bronchalo Lopesino (utilizó su segundo apellido para crear su nombre artístico: Lupe Sino).
El primer encuentro de Manolete y Lupe Sino se produjo en Madrid, en el bar Chicote y fue Pastora Imperio, amiga de la actriz y el torero, la que los presentó en 1943. A partir de aquel día, su relación fue fructificando hasta que entablaron una relación tan seria y estable, que se puede decir que Antoñita Bronchalo fue el único y gran amor del torero cordobés.

Lupe Sino era una bella mujer, morena de cabello ondulado, ojos verdes, boca y voz sensual, talle medio, con un óvalo simétrico y cuerpo bien proporcionado. Tenía fama de vividora, y utilizaba la cartera de su novio para costearse sus caprichos. Además de que tenía un carácter muy fuerte, y luchaba contra la oposición de la
familia de su novio. Sabiendo que Manolete estaba muy influenciado por su madre, tenía la esperanza de que el amor de ambos superaría cualquier obstáculo.

Entre las numerosas especulaciones previas que adornaban a la actriz, es que tuvo varios protectores entre ellos, toreros (Domingo Ortega, Antonio Márquez), industriales y ministros de Franco, e incluso que estuvo casada con un comisario político (capitán del ejército republicano)…y que todo ello, le permitió subsistir en la postguerra.
A Manolete no le importó que se ganara la vida como sus hermanas prostitutas, porque él, cuando consiguió dinero y fama, las retiró de las casas de alterne para casarlas con hombres adinerados. Además, como hombre muy enamorado, no le importó que su cuadrilla y su propia madre, le apodaran “la Serpiente”.

Cuando Manolete y Lupe viajaron a México, el maestro conoció el sexo, amor, whisky, cocaína y juergas nocturnas de flamenco. El 12 de Octubre de 1.946, se especuló que ambos se desposaron. Sin embargo, nunca ocultaron su romance a la gente. 

 La salud del torero se resintió tanto como su orgullo, porque "el grupo de partidarios de Dominguín le reprochaban en sus corridas", por los posibles excesos de la pareja. Manolete y Lupe Sino iban a casarse en octubre de 1947, pero Islero lo impidió. 

Cuando el torero murió, Lupe acudió al hospital de los Marqueses de Linares para casarse con Manolete. Pero el apoderado Camará y el albacea Alvaro Domecq se lo impidió. Desde el principio esta relación estuvo condenada, ya que la actriz tuvo que lidiar con la hostilidad del entorno, y fundamentalmente, con la madre de Manolete. Pero, tan sólo Manolete conocía realmente a la mujer. Él, bajo su semblante solemne pudo percibir la esencia de aquella mujer moderna y progresista de una época oscurecida por la ignorancia. El matador, pudo apreciar el mérito de esta actriz, que al igual que él, sacó adelante a sus hermanas y las instaló en Madrid dándoles una vida de mayor calidad.  

Su estigma de “chica Chicote”, le fraguó para conseguir papeles de actriz secundaria, en filmes como: -La famosa Luz María (1.942, Fernando Mignoni), con actores como, Fernando Morán y Joaquín Borgía. -El Testamento del Virrey (1.944, Ladislao Vajda), protagonizada por Juan Calvo, Irene Caba, José Isbert, Manolo Morán y Mercedes Vecino. -El Marqués de Salamanca (1.948, Edgar Neville). Y paradojas de la vida, Lupe Sino no alcanzó la fama que buscaba en el cine. Sin embargo, la halló, bajo la sombra del hombre al que verdaderamente amó.

El 16 de Agosto de 1.947, en la plaza de toros de San Sebastián, fue entrevistado por última vez, por el famoso periodista Matías Prats (padre). Le realizó una pregunta a través del micrófono. A la cual, Manolete contestó: “Qué ganas tengo de que llegue Octubre. No veo el momento de irme de los toros. Cuento los días que me faltan hasta Octubre”. Y, ese día, nunca llegó, ya que el 28 de Agosto de 1.947, en la plaza de toros (de 2ª categoría) de Linares (Jaén), tras la cornada de un toro llamado “Islero" (de casi media tonelada), de la ganaderia de Miura, sentenció su muerte al día siguiente.
Como en una terrible maldición, ese mismo año deseaba dejar el mundo del toreo, como predijo en la respuesta a Matías Prats. Dicen que su retirada era debida a su deseo de contraer matrimonio con Lupe en Octubre. De hecho, en su lecho de muerte, les negaron esa posibilidad. El 29 de Agosto de 1.947, en la capital cordobesa no cogía ni un alfiler. Todos sus ciudadanos lloraron la muerte de Manolete. 

 Fue un entierro en el panteón familiar “Sánchez de Puerta” (íntimos amigos del torero), donde permaneció algo más de cuatro años, hasta el 15 de octubre de 1951 cuando, tras finalizar el Mausoleo de Manolete, realizado por el escultor Amadeo Ruiz Olmos, se procedió a trasladar sus restos a su emplazamiento definitivo en el Cementerio de “Nuestra Señora de la Salud”, junto al puente de San Rafael, patrono de Córdoba. 

 Lupe vivió unos meses tremendamente duros tras la muerte de su amado. Tras participar en su última película, se fue a México, donde años más tarde, se casó con un abogado mexicano llamado Manuel Rodríguez (la muerte de Manolete provocó una fuerte mella en su vida, ya que el nombre y apellido de este hombre, coincide con su gran amor "El Maestro Manolete"). Este hombre poseía una gran forrtuna, pero a pesar de ello, el matrimonio se disolvió poco tiempo después.

Regresó a España, y falleció sola en su casa de Madrid, en septiembre de 1959, de un derrame cerebral. La muerte de Antoñita Bronchalo, no creó la expectación que su gran amor “Manolete”, ya que su fallecimiento pasó desapercibido. 

Desde la muerte del torero, no hubo más que habladurías y despropósitos ante la figura de esta mujer, que si ya tenía pena con la muerte de su amado, sentenció su vida las malas lenguas de la postguerra. Ni siquiera hubo copla del romance de esta mujer con el torero, sólo El príncipe gitano en un tango se acordó de ella, en la copla del maestro Juan Solano que decía así: "Manolete, Manolete,/ ya te lo decía yo, / que un torito de miura / iba a ser tu perdición.../ "La novia de Manolete / ya no lleva más collares/ porque Manolete ha muerto/ en la Plaza de Linares". Cincuenta años más tarde, Fuentelaencina, pueblo de Lupe, organizó una exposición dedicada al torero en el cincuenta aniversario de su muerte.